Historias de primavera. Niñas del femichismo.

Recuerdo que aquel día no había ni siquiera mirado por la ventana. Me levanté temprano y miré a través de mi puerta. Allí la vi. Ella mujer morena de pelo lacio y largo hasta los hombros, con una sonrisa brillante y unos ojos lleno de ilusión. Estaba de pie frente a una tabla de metal con madera encima, la madera estaba envuelta en tela y entre sus manos suaves llenas de cariño estaba una plancha de hierro caliente.

Eran las cinco de la mañana y ella se había levantado para corregir el cuello de la camisa que había planchado el día anterior en la noche. Era muy temprano, el sol ni siquiera había llegado. El silencio estaba sentado en su sillón habitual esperando a ser levantado por el ruido de los trabajadores.

Su nombre es Lucia, Lucia del Carmen Sereno fuentes, en el día era una mujer tranquila y sonriente, en la noche su alma era dependiente. El miedo se alojaba entre sus manos, yo la vi temblar muchas veces y deambular intranquila en la casa pero ese día vi que sus ojos vacilaban, ella estaba angustiada por una presencia ausente.

Lucia no hacía ruido, no quería despertar a nadie.

Mis ojos de niña la miraban llena de preguntas sin entender la situación pero de alguna manera estaba nerviosa y las preguntas se creaban en mi cabeza poniéndome cada vez más nerviosa.

En ese momento recordé que la noche anterior había escuchado gritos, gritos detrás de mi puerta, algunos sonidos de cachetadas y sonidos de llantos. Yo no creí que venían de la cocina, pero viéndola allí parada tan temprano y frente a la mesa de planchar tenía dudas.

Temprano en la mañana estaba levantada y decidí armarme de coraje para preguntarle lo que había pasado, quería preguntarle.

¿Por qué se había levantado a planchar una vez más el cuello de esa camisa, si ella lo había hecho en la noche?

Ella me comentó que no era nada,

¿Por qué los gritos? 

Ella me dijo que los gritos eran porque a veces las personas adultas no se entendían y que sentían la necesidad de alzar el tono de voz.

Le pregunté que ¿Por qué tenía esos morados en los brazos? Ella me dijo que se había rascado tan fuerte la piel que le salieron morados.

Le pregunté que ¿Por qué no planchaba la camisa él mismo? Y ella me dijo que porque en su trabajo él era una persona importante y entonces ;

que no tenía tiempo para hacerlo; 

que ella era su mujer ;

que ella tenía que ayudarlo para que sus logros ayudarán la familia;

porque él era grande; 

porque él era bueno e inteligente;

porque él se ocupaba por su familia y no hacía como los otros hombres que se iban con otras mujeres, que él era muy buena persona porque por lo menos se ocupaba de sus hijas, no como las otras que eran abandonadas. 

A finales de cuenta él era una estrella para ella.

Nunca entendí.

Ahora tengo 27 años y cubro mis morados con maquillaje, los insultos con mis ilusiones, me he alejado de mis amigos porque no quiero hablar del maltrato del que sufro. Me da vergüenza. A veces pienso que haga lo que él haga yo tengo la obligación, el compromiso de devoción hacía él pero sobre todo creo profundamente que no puedo vivir sin él.

El femichismo es una mascarada que no reconoce la violencia de género hacia las mujeres. Los hombres dicen que ellos también son maltratados.

Estemos atentas : Cualquier tipo de maltrato de un hombre hacia una mujer es violencia de género. 

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