Historias de Invierno. La espera

@mykatiuska_


Ayer estaba sentada en la ventana cuando el sol llegó a iluminar mi vida, sus rayos se esparcían entre las paredes blancas y los objetos de mi sala. No tardé en abrir las cortinas corredizas para dejarlo entrar, moví las orquídeas y expuse mi rostro a la fuente luminosa que tanto estaba esperando.

Recuerdo haber Respirado profundo como si mis alvéolos pulmonares no tuvieran más oxigeno. En aquel momento sólo deseaba ser una con el sol y mi más grande placer era sentir su calor y esperar a que regresara cada vez que se iba.

Yo era una chica buena moza, alta, rubia, con mucho carisma, mis ojos delataban el ritual de mi pensamiento. Estaba en pareja desde hace poco tiempo, feliz de aquella relación que se transformaba poco a poco en una vida de ideal familiar, tenía la energía para defender todo lo que me podía pasar, tenía la fuerza para subvenir a todas las necesidades y cubrir todas las faltas. Yo quería proteger por sobretodo aquello que había conseguido. MI FAMILIA

Ese día me había levantado temprano, quería cumplir con los gestos de una esposa, como siempre me lo había dicho mi madre y que lo había recibido de mi abuela y así sucesivamente. Para mi ese comienzo era casi como un trabajo, debía vigilar, organizar, ordenar, pensar, aprovisionar todo. Mi abuela, mi madre, mis tías y hasta las desconocidas me decían que debía ocuparme de todo para no perder ese hombre.

Sobre todo no perder a ese hombre , no perder. Ese hombre , sobre todo no perder a ese hombre ..

Allí estaba preparando el café para él, un silencio matinal se instauraba, a él le gustaba leer el periódico en la mañana, allí estaba yo arreglando y planchando su camisa, a él no le gustaba ir arrugado al trabajo, allí estaba yo cocinando y allí estaba el sentado esperando su plato, allí estaba yo arreglando y el leyendo su periódico, todo lo hacía para garantizar su regreso, para no perderlo. No debía perder ese hombre , no ese ,no debía perder ese hombre … Cuando yo lo miraba quería verme en sus ojos, cuando el me hablaba quería imaginarme que esa era nuestra descripción, deseaba ser tan brillante como sus ojos llenos de sabiduría.

Encerrada en la admiración mis sentidos se petrificaban y ya no podía leer y ya no podía escribir y ya me alejaba de todo porque me comparaba a él y entonces me daba miedo de perderlo, de no ser lo suficientemente buena, mujer, amiga, futura madre, futura esposa, futura familia

Mientras el iba a trabajar yo pasaba mi tiempo a escribir letras de motivación desmotivada del mundo del trabajo, pues nadie me aceptaba era muy joven y seguro pronto me casaría y tendría hijos y entonces me iba a dar de baja, para los empleadores yo representaba un trabajo de corto tiempo.

Mis días se pasaban entre respuestas negativas y llantos de desilusión. Entonces sólo veía una esperanza, esperaba que la puerta se abriera con un sonido melodioso, que flores desbordaran por las ranuras y que él apareciera detrás de aquella puerta. Mis días se pasaban entre una espera silenciosa y una música tenue casi fúnebre, a veces esperaba con un libro en la mano y otras veces dormida en el sofá pero siempre estaba en posición de espera. Estaba esperando la soledad, estaba esperando sus pasos, su llegada, estaba esperando que mi día cambiara dentro de tanta soledad.

Cuando escuchaba un ruido lejano me levantaba nerviosa y trataba de hacerme la interesante, me ponía en posición de lectura o súper ocupada y cuando me daba cuenta que sólo era el ruido de la lavadora que tenía una moneda perdida en el tambor mi furia comenzaba a salir desde mi estomago y sólo imaginaba ser una troglodita. Las tripas se me retorcían y quería morder, gritar, quería salir huyendo de esa espera larga, lúgubre, lenta, dolorosa e inmóvil. Trataba de convencerme que ese sentimiento se llamaba agobio de solitud. Luego mi cuerpo lograba convencerme que yo no moriría esperando, yo me convencía de la espera y dejaba pasar no sólo mi tiempo sino mis segundos.

Luego de tanto silencio me di cuenta que estaba esperando dentro de la soledad. Dejé pasar no sólo mis días sino también muchos de los segundos de mi vida, dejé quebrar mi esperanza, dejé enajenar mis sentidos, yo misma no respete mis limites porque espere, espere hasta hacer sangrar el tiempo, espere con esperanza de volver a verlo. De pronto me di cuenta que lo que me tenía esperando era mi mente, eran mis miedos, era mi cuerpo, yo misma me había encerrado, yo misma me había quedado bajo llave con la llave en mano y me había negado al exterior. A veces creemos que alguien nos niega la libertad pero la verdad detrás de todo es que somos nosotras mismas quiene no ponemos obstáculos . Idealizar, bendecir y poner en un altar a un hombre siempre va a ayudar a encerrarnos en una vida llena de espera y desamores , hay que hacer doble llave .

Ese autocastigo que la mujer se inflige por haber faltado, por no haber sido , ese castigo llamado espera es producto de una sociedad que nos quiere beatas, una sociedad que nos grita silencio y que nos excluye de esas decisiones importantes que influyen en nuestra vida a diario. Tomemos la llave, abramos el poder de echar abajo las puertas mientras dejamos que nuestro cabello despeinado y altivo se enrede un poco entre nuestros dedos y nos permita ser libres.

 

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